Finca Santa Marta, Trujillo, Extremadura, España
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Vista de la Dehesa

La Dehesa

Es frecuente entre los visitantes a la Finca Santa Marta elogiar la amplitud de las circundantes "dehesas", los bucólicos paisajes, los silenciosos caminos serpenteando entre la intacta naturaleza y la deslumbrante belleza de los campos de lavanda y amapolas silvestres que año tras año cubren en primavera las colinas vecinas.

"La dehesa es un fascinante paisaje único de la Península Ibérica, pero con elementos que evocan otros parajes: los huertos de Francia, parkland en el sur de Inglaterra, los campos de olivos de Grecia o la Savana africana" (Nick Hammond, Ecologista miembro de la Fundación de Artistas por la Naturaleza.).

El árbol más común de la zona es el roble, cuya sombra sirve de cobijo a las ovejas merinas y los cerdos ibéricos, los cuales se alimentan de sus bellotas durante el Otoño obteniendo así el característico sabor dulce del jamón ibérico que se obtiene de ellos. Los robles de corcho, el cual es extraído de ellos en su totalidad cada 9 años, crecen en abundancia en los húmedos valles de la sierra. Debido a la pobre calidad de las tierras de este área y a la escasez de los pastos, la transhumancia hacia las verdes praderas del norte es un fenómeno que se repite cada año, en la actualidad habiendo sido sustituido el paso del ganado por las antigüas cañadas por el transporte en camiones de los rebaños.

A tan sólo media hora de distancia desde la Finca, una vasta área de dehesas se expande entre el Parque Natural de Monfragüe y la villa medieval de Guadalupe (donde se encuentra el famoso monasterio con la "Moreneta" o la Virgen de color). Este área es el hogar de una extensa variedad de aves siendo ampliamente reconocido en el mundo entero por gran cantidad de observadores de aves y amantes de la naturaleza.


Campo de Olivos por Han Van Hagen

Águilas sobre la Dehesa por Lars Johnson

La naturaleza en las cercanías de Trujillo

Flora

El entorno natural comprendido entre la Finca Santa Marta y la Sierra de Guadalupe hace las delicias de los muchos amantes de la flora que nos visitan.

La colina de Santa Cruz

Durante los siglos pasados, las masías del pequeño pueblo de Santa Cruz de la Sierra hacían alarde de sus prósperos escudos en sus fachadas. Nuflo de Chávez, uno de los primeros fundadores de Bolivia, aún conserva en este lugar un pequeño palacio con la entrada de granito típca de la época.

Este puebo, asentado bajo la impresionante montaña con forma piramidal, conserva las ruinas de un gran antigüo convento con su impresionante cúpula y sus muros originales. Santa Cruz es el primer pueblo que originariamente fue denonimado con este nombre, proporcionando más tarde su denominación a 17 pueblos distribuídos por Latinoamérica.

Cada año, los representantes de estas embajadas latinoamericanas se congregan en la Plaza para celebrar sus orígenes ancestrales, ocasión en que degustan con placer el tan afamado jamón de 'Pata Negra' extremeño y el tan valorado vino de "Pitarra" originario de la región.

Las leyendas narran que en algún lugar de espectacular montaña, ahora habitada por rebaños de ovejas y pastores, descansa el cadáver del líder revolucionario de las antigüas tribus Íberas que lucharon contra las legiones romanas durante su invasión.

Senderismo

Alrededor de la Finca Santa Marta existen gran diversidad de rutas de senderismo de una a cuatro horas de duración desde las cuales se puede contemplar los bellos paisajes del entorno, y las vistas panorámicas de la encantadora aldea de San Clemente con su blanca ermita en contraste con los abundantes campos de olivos circundantes. El paisaje se extiende hacia la lejanía siendo incluso posible vislumbrar la parte alta de Trujillo o las lejanas poblaciones de Herguijuela y Conquista.

Uno de los paseos más atractivos discurre a lo largo de la inusitada carretera hacia Santa Cruz (6km), sobrepasando el famoso criadero de toros El Torreón. Aquí es posible observarlos descansando tendidos bajo los robles, aislados de los grupos de vacas con las cuales nunca les será permitido aparearse. Únicamente serán los toros más bravos los permitidos volver al hogar, privilegio que será otorgado por demanda popular en las corridas de Sevilla y Madrid.

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